Cuatro higos

Biblioteca Valenciana

Don Manuel era el dueño y señor de un gran número de hectáreas de tierra dedicadas a la agricultura. Era dueño y señor de su casa, de sus tierras y de sus trabajadores. Los contrataba por cuatro “chavos” porque, si les daba más a esos pobres desgraciados, él se quedaría con menos. 

━Vaya si son desgraciaos… ━le contaba a su esposa━ Tengo la mosca detrás de la oreja por el Vicente, el hijo del tío Boro. Ese malandrín, estoy seguro, se lleva producto a casa. Porque más de un día le he visto los bolsillos abultaos cuando se va, por mucho que intenta disimularlo. 

Miguel también trabajaba para Don Manuel. Pero Miguel no se llevaba nada en los bolsillos porque no tenía seis bocas que alimentar en casa, como le pasaba a su compañero Vicente. Miguel tenía quince años, a sus padres y un hermano y una hermana. Por más penurias que pasaran, todavía no se había visto en la situación de llevarse nada.  

Casi al final de esa jornada, según las órdenes del capataz, Miguel y Vicente tenían que recoger los higos que habían caído de la higuera que había en el margen y meterlos en un saco de arpillera para los cerdos de Don Manuel. 

Después de media hora recogiendo y casi a punto de acabar, Miguel y Vicente se sentaron a la sombra para beber un poco de agua y poder combatir el calor sofocante de un sol cada vez más alto y más cercano. Al sentarse Vicente, en una piedra grande bajo la higuera, un par de higos cayeron del bolsillo de sus pantalones. Los dos compañeros miraron al suelo, a esas dos piezas pochas y llenas de tierra. 

A Vicente se le fue la sangre de la cabeza al corazón y a las tripas, pues se sabía pillado en falta.

━Miguel, son para mis niños ━le dijo en un gemido. 

Miguel agachó la cabeza. Sentía una pena enorme por su compañero, tan trabajador y diligente. 

━A… a nosotros no nos llega con los cuatro chavos… 

━Lo sé ━le interrumpió Miguel━ lo sé, Vicente. No tienes que darme explicaciones ni temer nada por mi parte. 

Después de ese momento de hermandad, los dos hombres siguieron rellenando el saco con higos para los cerdos de Don Manuel. 

Al día siguiente, marcharon los dos a otro campo, en los bancales de detrás de la casa de Don Manuel. Allí también había dos higueras y, a sus pies, un manto de higos pasados llenos de mosquitos. 

A media mañana apareció el señor de las tierras y secándose el sudor de la frente con un pañuelo, saludó a los dos trabajadores:

━Buenos días. 

━Hola Don Manuel ━ le dijo Miguel mientras seguía recogiendo higos. Vicente en cambio, había parado de recoger y se había puesto erguido delante del señor. Se retorcía los faldones del blusón de forma nerviosa. Miguel lo miró de reojo, maldiciendo la suerte de su compañero, que no conocía el arte del disimulo. 

━Vicente, te veo nervioso… ━le dijo Don Manuel, con una sonrisa de medio lado. 

━¿Yo? Yo, no Don Manuel… Es, es que hace mucho calor ━Pero la realidad era muy diferente. Vicente empezó a sudar y a retorcer todavía más el blusón. 

━Y más calor que te va a entrar, ¡sin vergüenza! ━Don manuel alzó el brazo con intención de pegar a Vicente. 

Miguel, sintiendo la rabia atrapar su garganta, paró de recoger y miró a Don Manuel directamente a los ojos. 

━Pare Don Manuel. 

━¿Qué? ¿Cómo que pare? ¿Tú sabes lo que hace el sinvergüenza este? ━le escupió el señor a la cara━ ¡Me quita mis frutos!¡Dile que te enseñe lo que lleva en esos bolsillos, que se le van a caer los pantalones de lo que le pesan! ¡Es un sinvergüenza!

Vicente agachó la cabeza y con manos indomables, sacó siete u ocho higos aplastados, de sus bolsillos.  Miguel no pudo más con la humillación que estaba sufriendo su compañero: 

━¡Creo que el único sinvergüeza que hay aquí es usted! ━Don Manuel abrió los ojos hasta los topes━ ¿Cómo se atreve a atemorizar así a Vicente? ¿Por cuatro higos pasados? ¿Por cuatro higos que van para los cerdos? ¿Qué no haría usted por darle de comer a su hija? ¡¿Qué no haría usted?!

━Vale, vale, Miguel… ━dijo enseñándole las palmas de las manos━ No te pongas así. Que se lleve los que quiera para los chiquillos. 

Don Manuel se fue pensativo. Miguel soltó todo el aire que estaba reprimiendo después de explotar. Vicente estaba llorando. 

━Miguel…

━Calla, Vicente. Vamos a seguir. 

Al terminar la jornada, cada uno se dispuso a volver a su casa. Cuando se separaban en el camino, Vicente le dio las gracias a Miguel y le confesó lo avergonzado que se sentía. 

━Vergüenza debe tener el que ve a tus hijos sin nada que llevarse a la boca y le da igual.

━Gracias, Miguel. Eres un buen hombre. 

Don Manuel, en casa, miraba a su hija Concha comerse el guisado y se imaginó a los pequeños de Vicente repartiéndose unos higos terrosos y pasados.  

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